COMO SE PRODUCE LA HOJA DE PAN DE ORO

La hoja de pan de oro es el resultado de un proceso de alquimia: para producirla son necesarias grandes habilidades artesanales, tecnologías sofisticadas y un profundo conocimiento de los secretos de un antiguo oficio en continua evolución.

Una hoja de pan de oro de calidad nace de un largo y complicado proceso: para reducir de forma progresiva el espesor del oro, de la plata y de los demás metales preciosos son necesarias al menos diez horas de trabajo.

Todo parte del oro puro, que se funde con otros metales nobles (como el cobre y la plata) a más de 1000°C. Los diferentes componentes – fundidos y amalgamados – dan como resultado una aleación que es vertida en los moldes donde se enfría. Se obtienen así lingotes, cuya coloración varía en función de la cantidad de cada uno de los metales nobles empleados. Las proporciones de las aleaciones son a menudo dictadas por antiguas recetas, custodiadas con celo por cada productor.

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Los lingotes se «prensan» pasando a través de unos cilindros que los transforman en cintas con un espesor de pocas décimas de milímetro.  A continuación le sigue una fase de laminado que – sometiendo el metal a ciclos de calentamiento y enfriamiento – reduce las tensiones. En esta fase el espesor de las cintas pasa a ser tan fino que tan solo puede ser medido en micras.

En este punto se da inicio a la fase más delicada y más característica del proceso: el batido. La cinta de oro, cortada en pequeños cuadrados del tamaño de sellos, se introduce entre hojas de papel y se somete a numerosos ciclos de batido con martillos mecánicos que la extienden sobre la superficie del papel convirtiéndola cada vez en más fina.

La hoja de pan de oro, ahora con un espesor de pocas décimas de micra, está lista para el paso final, donde entran en juego la fuerza y habilidad de cada batidor de oro. El paso del acabado, de hecho, aún hoy se realiza completamente a mano: sincronizando los gestos con la respiración, y empleando diferentes tipos de martillos con formas y pesos diferentes, el artesano batidor de oro estira la superficie de las láminas hasta convertirla en lisa como la seda e impalpable.

La hoja de pan de oro finalmente se apoya sobre un cojín o pomazón, se corta a mano con un cuchillo de doble filo denominado «carretto» y se introduce en los clásicos librillos de papel.