LA MÁQUINA PARA BATIR ORO DE LEONARDO DA VINCI

El Códice Atlántico es una extraordinaria fuente de conocimiento acerca de las diferentes disciplinas cultivadas por Leonardo da Vinci y de sus innumerables intuiciones en los campos de la arquitectura y de la hidráulica, de la medicina y de la óptica, del urbanismo y de la astronomía, de la anatomía y de las artes figurativas.  Sus páginas más célebres son aquellas dedicadas a los proyectos de engranajes, aparatos y máquinas autopropulsadas de las cuales Leonardo ha dejado magníficos dibujos.

Gracias a algunos de estos dibujos sabemos que también se debe al genio de Leonardo el primer intento de mecanización del oficio de batidor de oro que – ya bien documentado en el antiguo Egipto y en las civilizaciones greco-romanas – alcanzó su mayor esplendor en Florencia precisamente en los mismos años en que vivió el maestro.

El considerable peso que la producción de hoja de pan de oro suponía en el contexto económico de la ciudad fue lo que suscitó su interés. En un intento por mejorar las condiciones de trabajo de los artesanos y aumentar la productividad de los talleres, Leonardo diseñó una máquina (martillo mecánico) capaz de reducir el espesor del precioso metal de 500 a 30 micras.

Su complejo mecanismo se ponía en funcionamiento por medio de una rueda motriz principal que accionaba simultáneamente una serie de dispositivos y automatismos constituidos por poleas y ruedas dentadas. Los movimientos, todos sincronizados, eran accionados por contrapesos de hierro.  Con cada golpe del martillo la cinta metálica avanzaba automáticamente para recibir el siguiente golpe. Leonardo había previsto también las posibilidad de realizar producciones en serie gracias al accionamiento simultaneo de más martillos por parte de una única fuente de fuerza motriz.

No se conoce si se llegó a utilizar esta visionaria maquinaria, pero los principios técnicos sobre los que se basa su funcionamiento esta visionaria maquinaria están aún hoy en día en uso y forman parte de una tradición productiva que en Florencia no se ha interrumpido nunca. En 2019, Giusto Manetti Battiloro, basándose en los dibujos de Códice Atlántico, ha querido rendir homenaje a la intuición de Leonardo, reconstruyendo su martillo.